Reflexión 3 y 4: De los medios a las mediaciones “Martín Barbero”
"El efecto de las fuerzas de cambio
está esencialmente condicionado por el
grado en que la actitud nueva puede
apoyarse sobre una actitud antigua”
HOGGART
está esencialmente condicionado por el
grado en que la actitud nueva puede
apoyarse sobre una actitud antigua”
HOGGART
Seguir caminando en la lectura del texto de Martín Barbero: De los medios a las mediaciones, nos permite un recorrido más amplio sobre este tema que se ha vuelto tan usual pero sin gran profundidad. No basta con expresar buenas o malas palabras en contra de la realidad que nos envuelve en la actualidad sino tenemos bases que soporten nuestro argumento. Por lo anterior convienen en esta parte enfocarnos un poco en aquello, que como cualquier otro sistema doctrinario conforma los pensamientos y los estilos de vida de cualquier ciudadano: la cultura de masas. Es evidente que la palabra hegemonía encierra esa realidad impuesta que adormece la conciencia crítica para impedir que se observen o se perciban otras realidades; es así como podemos decir que los procesos de masificación constituyen la conflictividad estructural de lo social.Pensar la dialéctica histórica desde el totalitarismo político y la masificación cultural, es tan solo una de las tantas teorías que sobre la cultura de masas nos han atravesado. Así, aparece a final
es de los años setenta la escuela de Frankfurt, la cual por medio de su debate político interno toma como eje la emergencia del acontecimiento contracultural, impidiendo todo tipo de pensamiento y alejando de su sistematización y dialéctica la realidad social y cultural. Vienen otras teorías a enriquecer el debate, con ellas Adorno y Benjamín, quienes diseñan las claves para pensar lo no-pensado: “lo popular en la cultura no como su negación, sino como experiencia y producción”. (Barbero, 1998:53)Se llega, entonces, a la idea de un caos cultural como la aparición de un sistema que regula, esa que los teóricos de las sociedades de masas entenderían como la dispersión de las experiencias culturales; algo así como un encuentro de la fuerza de la industria cultural y la necesidad producida, en la racionalidad de la técnica (del dominio mismo). Aparece como prueba de los anterior, un espectador que a la hora de sentarse en frente de una pantalla (cine), debe ir tan rápido que no puede pensar, todo se le está dado con las imágenes; así, la cultura pasa a degradarse en industria de la diversión. Una reflexión que más adelante Adorno definiría como “la existencia constituida por un encuentro que para escapar a la comunicación degradada convierte a la relación yo-tú en le lugar de la verdad”. (Barbero, 1998:55)
Y de un texto a otro, la significación de la cultura va aumentando su sinsabor; pues, llámese arte, burguesía, emancipación, in
dustria, técnica, popular… Lo único que queda por lamentar, es que para el hombre hablar de comunicación se tenga que ir al lugar más alto para escapar a la degradación cultural. Un lugar donde “no parecen pensables las contradicciones cotidianas que hacen la existencia de las masas ni sus modos de producción del sentido y de articulación en lo simbólico”. (Barbero, 1998:61)Se trataría entonces, más que de medios o técnica, buscar ese cambio en donde se acercan espacial y humanamente las cosas. Una sensibilidad y aproximación a las masas es lo que permite una conciencia crítica y una transformación social. “Antes, para la mayoría de los hombres, las cosas, y no sólo las de arte, por cercanas que estuvieran estaban siempre lejos, porque un modo de relación social les hacía sentirlas lejos. Ahora, la masa, con la ayuda de las técnicas, hasta las cosas más lejanas y más sagradas las siente cerca”. (Barbero, 1998:65)
Poesía, cine literatura, entre otras, son algunas de las posibilidades que las masas tienen para entrar en relación con el arte, sobre todo si se tiene en cuenta que mientras las masas buscan disipar, el arte exige recogimiento, algo así como un sentimiento de placer y deleite mientras se está en la multitud, una multitud que ya no es externa sino que cobra un valor intrínseco. “Morin demuestra, apropósito del cine especialmente, cómo la división del trabajo y la med
iación tecnológica no son incompatibles con la creación artística; es más, cómo incluso cierta estandarización no entraña la total anulación de la tensión creadora”. (Barbero, 1998:73) De aquí que Morin piense en una posible apertura del pensamiento desde la estructura semántica y los modos de inscripción en lo cotidiano de la cultura de masas. Para él la verdadera mediación es la comunicación de lo real con lo imaginario, es decir, ese imaginario cotidiano en dosis mayores que permita poder vivir.Y aunque muchos son los obstáculos para pensar todo lo que se enlaza a la industria cultural, tanto la dificultad de comprender su articulación con lo popular y la diversidad de dimensiones en que se articula el cambio cultural juegan un papel primordial, en el siglo XVIII cuando el significado de cultura se le atribuye a un valor que se tiene, y al cual pocos pueden acceder, se pone en juego la palabra educación al relacionarla con aquella que queda relevada sólo para los hombres superiores; es aquí donde la cultura se interioriza e individualiza. Para el siglo XIX, el concepto se reconstruye hacia una cultura común, la de la clase trabajadora; una articulación entre lo cultural y lo popular. “Lo masivo trabajando desde dentro de lo popular” (Barbero, 1998:106). Más adelante Certeau va a proponer la teoría de los usos como aperadores de apropiación, el cual siempre va a instaurar una relación de sujetos con los otros. “En la otra cara de la cotidianidad, la de la creatividad dispersa, oculta, sin discurso, la de la producción inserta en el consumo, la que queda a la vista sólo cuando cambiamos no las palabras del guión, sino el sentido de la pregunta: qué hace la gente con lo que cree, con lo que compra, con lo que lee, con lo que ve”. (Barbero, 1998:111)
Y cómo no hay una sola lógica que abarque todas las artes del hacer, queda pues como interrogante frente al texto, el lugar que se
le tiene reservado a la educación como mediadora de una sociedad donde la realidad está construida desde los medios, y un sujeto parte de la cultura popular, hecho de saberes insensibles a la colonización tecnológica y con un estilo muy particular de habitar su mundo de inspiración técnica y de firmeza moral.
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