payivalo

martes, 6 de noviembre de 2007

REFLEXIONEMOS CON LARROSA: LAS TECNOLOGÍAS DEL YO

LAS PRÁCTICAS PEDAGÓGICAS, UN SENTIDO MÁS PROFUNDO


"Las prácticas pedagógicas, sobre todo cuando no
son estrictamente de enseñanza, esto es,
de transmisión de conocimientos
o de contenidos, en sentido restringido,
muestran importantes similitudes estructurales
con las prácticas terapéuticas.”
LARROSA



ues si el objetivo que se trazaba el autor del texto "Las Tecnologías del Yo" era llevar al lector a "(...) pensar de otro modo, explorar nuevos sentidos, ensayar nuevas metáforas” ((Larrosa, s.f.:260); es evidente que lo logra a cabalidad. Son pocas –o talvez ninguna- las veces que todo a lo que se le pueda atribuir la palabra exterior, deja de importarnos tanto como para dedicarnos a escudriñar un poco en nuestro interior. No es muy usual escuchar decir que nuestro pensamiento se apodera de nosotros sin antes haber sido atravesado por fuerzas ajenas y externas.


hora, la admiración que lleva inmerso el texto es aún más grande cuando Jorge Larrosa a través de la lectura le entrega a los maestros, un sinnúmero de elementos donde se analizan las prácticas pedagógicas como constructoras y mediadoras de la relación que cada sujeto tiene consigo mismo. “(…) esa relación en la que se establece, se regula y se modifica la experiencia que uno tiene de sí mismo, la experiencia de sí” (Larrosa, s.f.:263). De ahí, la complejidad que lleva inmerso un sujeto; pues, es en la articulación de las prácticas de la vida cotidiana donde él se construye como tal. Es aquí donde indiscutiblemente aparece el papel de la escuela como formadora de personas para que tengan una mirada familiar con y desde ellos mismos. Algo así como tratar, desde este punto de vista, de entender la problematización de la pedagogía, orientada a construir y transformar la subjetividad.


or lo anterior, Larrosa intenta pensar de otro modo las tan mencionadas relaciones pedagógicas. Es una realidad que pensar con sentido la razón de ser de aquellos quienes tienen la labor de jalonar procesos de formación, no es algo muy frecuente; sobre todo cuando el quehacer definido como saber es lo que a nivel educativo ha cobrado mayor importancia. “La única condición es que sean prácticas pedagógicas en las que lo importante no es que se aprenda algo exterior, un cuerpo de conocimientos, sin que se elabore o reelabore alguna forma de relación reflexiva del educando consigo mismo” (Larrosa, s.f.:260). Todo un gran ideal de formación humana; el cual involucra las prácticas pedagógicas con el verdadero significado de la palabra, en busca de mejorar, desarrollar, construir todo proceso de autoconocimiento, autoestima, autoconfianza, autocontrol…Y todos aquellos procesos de miradas intrínsecas.


ueda claro, entonces, como las Tecnologías del Yo dejan ver de lleno esa antropología de la educación por medio de las posiciones teóricas de Foucault, mediante la definición de las prácticas pedagógicas como esa experiencia que cada sujeto tiene consigo mismo y como constructoras y mediadoras de dichas relaciones. Todo un texto en el que Larrosa hace posible el entendimiento de la experiencia de sí; un término que aunque lleva consigo una contingencia acerca de la idea que tenemos de nosotros mismos, envuelve también esa manera de comportarnos frente a los demás y frente a nuestro propio ser. Es aquí donde entran los maestros como procuradores de la formación, a brindar al alumno la manera de adoptar una relación cognoscitiva y práctica con su propia existencia.
"
partir de ahí, las prácticas pedagógicas y/o terapéuticas pueden tomarse como lugares de mediación en los que la persona simplemente encuentra los recursos para el pleno desarrollo de su autoconciencia y autodeterminación, o para la restauración de una relación no distorsionada consigo misma” (Larrosa, s.f.:271). Aparecen, pues, las prácticas pedagógicas como esos lugares donde se constituye la subjetividad, y esos espacios en los cuales cada persona desarrolla y recupera todo lo que caracteriza y hace parte de la relación consigo mismo. “En definitiva, prestar atención a las prácticas pedagógicas en las que se establecen, se regulan y se modifican las relaciones del sujeto consigo mismo en las que se constituye la experiencia de sí” (Larrosa, s.f.:271).
































































































































































































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