payivalo

viernes, 16 de noviembre de 2007

UN 2 INTENTO CON LARROSA Y LAS TECNOLOGÍAS DEL YO

LA ESCUELA: UN ESCENARIO DE IDENTIDAD
"Algunas prácticas pedagógicas, entonces,
incluyen técnicas encaminadas a establecer
algún tipo de relación del sujeto consigo mismo,
a hacer determinadas cosas con esa relación y,
eventualmente, a transformarla".
LARROSA

"Sí la experiencia de sí es histórica y culturalmente contingente, es también algo que debe transmitirse y aprenderse. Toda cultura debe transmitir un cierto repertorio de modos de experiencia de sí, y todo nuevo miembro de una cultura debe aprender a ser persona en alguna de las modalidades incluidas en ese repertorio” (Larrosa, s.f.:273). Es así como le corresponde a la educación velar, no sólo, por esa experiencia que las personas a diario comparten con otros sujetos, sino también por construir y transmitir la experiencia que tienen de sí mismos. Y, aunque muchas son las estrategias que apuntan a la producción y mediación pedagógica de la relación de uno consigo mismo; es necesario que se tengan presentes en todo contexto, las actividades de auto- expresión, la clarificación de valores, los estudios de caso… Todas con el fin de que los alumnos mientras reflexionan sobre su modo de ser, lo puedan comunicar; una manera oportuna de ir conociendo y descubriendo a los otros.

Cuando la escuela es un escenario donde se produce identidad, aparecen tanto la auto-integración para la expresión del Yo, como para el descubrir de los demás. Los alumnos son productores de textos que reflejan su propio ser, y que le permiten identificarse como un ser diferente a los demás, pero con valores de comprensión, respeto y tolerancia que le ayudan a vivir en comunidad. “Lo que se aprende, en suma, es un significado específico de la singularidad del Yo y de la comprensión mutua. También un significado específico para cosas como autoconocimiento y autoevaluación, sinceridad, comunicación y comprensión” (Larrosa, s.f.:276). Todo un juego social en el cual cada uno se define y elabora su propia identidad.

Aparece también la oportunidad de una didáctica de la reflexión crítica, algo así como una toma de conciencia donde la educación aparece como ese espacio que produce, interpreta, y media historias personales; el pape del alumno prevalece como autor y narrador de su propia historia y sobre la experiencia de sí. Toda una experiencia que le permite al maestro desde la identificación propia de sus alumnos, formar y transformar su manera de ser cuando se enfrenta a su trabajo, algo como una reflexión de esos espacios de producción y medio de la experiencia de sí mediante el aprender a pensar y a argumentar.

La labor del docente tiene que hacer un alto en el camino para analizar no sólo el desempeño laboral (cuánto sabe), sino acerca de su ser, de su propia identidad, sobre el valor y el sentido que tiene su práctica laboral. La práctica pedagógica pasa de un punto de vista objetivo, a una valoración de la subjetividad, donde aparecen sujetos activos que reconocen la verdad sobre sí mismos. “El sujeto, su historia y su constitución como objeto para sí mismo, sería, entonces, inseparable de las tecnologías del Yo. Foucault define las tecnologías del Yo como aquellas en las que un individuo establece una relación consigo mismo” (Larrosa, s.f.:289).
Cuando las experiencias de sí se transforman, se aprenden o se modifican, se da paso a los dispositivos pedagógicos como ese lugar donde la gente se describe, se narra, se controla, se juzga a sí misma, a través de dimensiones ópticas, discursivas, jurídicas, narrativas y prácticas en las cuales no sólo juega un papel importante el alumno como sujeto, sino también el maestro como propiciador de la autorreflexión crítica de sí y de sus prácticas pedagógicas.

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