payivalo

jueves, 25 de octubre de 2007

Reflexiòn 5 y 6: De los Medios a las Mediaciones

“Perder el tiempo se convierte en pecado grave,
en un escándalo espiritual. Sobre el modelo
del dinero, a imitación del mercader que
se convierte en un contable del tiempo,
se desarrolla una moral calculadora y
una piedad avara. ”

LE GOFF


Tal vez hablar de nuestra realidad social sea fácil a la hora de definirla desde el aquí y el ahora, lo difícil resulta encontrarnos con una historia que nos provoca un reconocimiento y comprensión de los procesos sociales, los cuales nos permiten de manera certera, adentrarnos un poco en el mundo de lo que desplaza lo popular a lo masivo. Sobre todo, si tenemos en cuenta los cambios, enfoques y diversas perspectivas que para hablar de lo popular se han adjudicado: la tradición (las costumbres), lo oral (la literatura), Lo manual (las artesanías), entre otras, dejan claro la relación que el término entraña con aquello que para las sociedades modernas era denominado arcaico. Pero, como era de esperarse, con los tantos desarrollos que ha sufrido la humanidad (modernidad, industrialización…), todo llegaría a ser popular.

Y como parte de eso llamado popular aparece el melodrama; el cual en confabulación con su público y con su demarcación cultural, sería el eje principal del paso de lo popular a lo masivo. “(… lugar de llegada de una memoria narrativa y gestual populares y lugar de emergencia de una escena de masa, esto es, donde lo popular comienza a ser objeto de una operación de borradura de las fronteras que arranca con la constitución de un discurso homogéneo y una imagen unificada de lo popular, primera figura de la masa.” (Barbero, 1998:153)


Todo un cambio que nos hace posible pensar la trama social desde la relación de fuerzas y sentidos en la que se constituyen las clases; señalando la comunicación como un problema de medios y la cultura de masas como la degradación de ella misma. De aquí que cuando después del siglo XIX la cultura de masas se presente como una cultura popular, la integración cultural le permita a la unidad de mercado dar paso a la unidad política; sólo la construcción de una cultura nacional permitirá superar las diferencias culturales y la parcelación del poder. Así, el tiempo que antes era valorado por la circulación del dinero y las mercancías, pasa a ser sólo el tiempo de la producción, desligado totalmente de la burguesía, sometiendo el término política a un capitalismo que reduce la vida a la simple producción. “De ahí que para no reducir la resistencia a reacción, necesitemos escapar a esa lógica leyendo la cultura en clave política y la política en clave de cultura”. (Barbero, 1998:125)Aparece también la transformación del saber y los modos populares de su transmisión llamada “enculturación”. Esa idea de cultura que para Marx es una manera de legitimar el poder y universalizar el sentido, y que para los hombres ricos y cultos era la imagen de un mundo de razón vertical, uniforme y centralizado, coloca a la mujer el seudónimo de bruja al querer pensar un mundo descentrado, horizontal y ambivalente. “La bruja representa, junto con los levantamientos, según Michelet, uno de los modos de expresión fundamentales de la conciencia popular”. (Barbero, 1998:122) Es en el siglo XIX cuando la burguesía concilia las clases en su cultura para integrar cultura y tecnología, una unión de progreso y liberación que las clases populares habían percibido mucho antes de ser un discurso político; originando un verdadero conflicto entre los modos populares de vida y la lógica emergente del capital; una lucha que durante el periodo preindustrial se caracterizara por la falta de organización y proyección política que para el pueblo sería la escasa posibilidad de planificar su futuro.

Todo un pueblo en la organización de movimientos contra un capitalismo transformador de las relaciones sociales, capaces de mostrar a la clase dominante el poder de los pobres y se desafiar su seguridad hegemónica. Aunque no por esto, el proceso de enculturación defendió la pura represión, con este también, y en cabeza de las clases populares, nace una producción de cultura que hablará el mismo lenguaje sin dejar de lado la diferenciación establecida entre lo culto y lo popular. “No es posible un desde arriba que no implique algún modo de asunción de lo de abajo”. (Barbero, 1998:133) Nace así una nueva cultura, la otra de la clase hegemónica, en donde se da la transformación de lo folklórico en popular. “Una evolución que muestra el paso de una empresa de mera difusión –de romances, villancicos y canciones- a otra de composición de relaciones (noticias) de los sucesos y de almanaques”. (Barbero, 1998:137) Lecturas en las cuales el ritmo lo empieza a marcar el público, se pone en marcha la memoria colectiva, rehaciendo el texto en función del contexto, algo así como un tipo de texto que más que medio se convierte en mediación.

Queda pues, tomar conciencia de la complejidad de la circulación cultural; la cual puede ser direccionada desde la escuela, para estar preparados a lo que hoy logra hacer la cultura de masa: cuando lo que viene de arriba logra tocar a los de abajo lo hace sólo para manipularlos. Las imágenes que a partir del siglo XV se reproducen, logran invadir el espacio cotidiano de las casas, los objetos y por ende los sujetos; en otras palabras, se introducen en la representación de los espacios de la vida cotidiana. Vuelve aparecer el melodrama, en este caso, como ese espejo de la conciencia colectiva; ese espacio que el pueblo pide a gritos en el cual puedan mirarse de cuerpo entero y que divorciados de la escena social, se interiorice y se configure la escena privada. Es así como el melodrama que a través del tiempo desparece, es una forma real en la que se puede expresar todo este cuento del espectáculo popular-urbano; es decir masivo; pues aunque su recorrido implícito atraviesa muchos modos de narración, su historia termina poniendo en escena todo lo relacionado a esa cultura de masa.



sábado, 20 de octubre de 2007

Reflexión 3 y 4: De los medios a las mediaciones “Martín Barbero”

"El efecto de las fuerzas de cambio
está esencialmente condicionado por el
grado en que la actitud nueva puede
apoyarse sobre una actitud antigua”
HOGGART
Seguir caminando en la lectura del texto de Martín Barbero: De los medios a las mediaciones, nos permite un recorrido más amplio sobre este tema que se ha vuelto tan usual pero sin gran profundidad. No basta con expresar buenas o malas palabras en contra de la realidad que nos envuelve en la actualidad sino tenemos bases que soporten nuestro argumento. Por lo anterior convienen en esta parte enfocarnos un poco en aquello, que como cualquier otro sistema doctrinario conforma los pensamientos y los estilos de vida de cualquier ciudadano: la cultura de masas. Es evidente que la palabra hegemonía encierra esa realidad impuesta que adormece la conciencia crítica para impedir que se observen o se perciban otras realidades; es así como podemos decir que los procesos de masificación constituyen la conflictividad estructural de lo social.

Pensar la dialéctica histórica desde el totalitarismo político y la masificación cultural, es tan solo una de las tantas teorías que sobre la cultura de masas nos han atravesado. Así, aparece a final
es de los años setenta la escuela de Frankfurt, la cual por medio de su debate político interno toma como eje la emergencia del acontecimiento contracultural, impidiendo todo tipo de pensamiento y alejando de su sistematización y dialéctica la realidad social y cultural. Vienen otras teorías a enriquecer el debate, con ellas Adorno y Benjamín, quienes diseñan las claves para pensar lo no-pensado: “lo popular en la cultura no como su negación, sino como experiencia y producción”. (Barbero, 1998:53)

Se llega, entonces, a la idea de un caos cultural como la aparición de un sistema que regula, esa que los teóricos de las sociedades de masas entenderían como la dispersión de las experiencias culturales; algo así como un encuentro de la fuerza de la industria cultural y la necesidad producida, en la racionalidad de la técnica (de
l dominio mismo). Aparece como prueba de los anterior, un espectador que a la hora de sentarse en frente de una pantalla (cine), debe ir tan rápido que no puede pensar, todo se le está dado con las imágenes; así, la cultura pasa a degradarse en industria de la diversión. Una reflexión que más adelante Adorno definiría como “la existencia constituida por un encuentro que para escapar a la comunicación degradada convierte a la relación yo-tú en le lugar de la verdad”. (Barbero, 1998:55)

Y de un texto a otro, la significación de la cultura va aumentando su sinsabor; pues, llámese arte, burguesía, emancipación, in
dustria, técnica, popular… Lo único que queda por lamentar, es que para el hombre hablar de comunicación se tenga que ir al lugar más alto para escapar a la degradación cultural. Un lugar donde “no parecen pensables las contradicciones cotidianas que hacen la existencia de las masas ni sus modos de producción del sentido y de articulación en lo simbólico”. (Barbero, 1998:61)

Se trataría entonces, más que de medios o técnica, buscar ese cambio en donde se acercan espacial y humanamente las cosas. Una sensibilidad y aproximación a las masas es lo que permite una conciencia crítica y una transformación social. “Antes, para la mayoría de los hombres, las cosas, y no sólo las de arte, por cercanas que estuvieran estaban siempre lejos, porque un modo de relación social les hacía sentirlas lejos. Ahora, la masa, con la ayuda de las técnicas, hasta las cosas más lejanas y más sagradas las siente cerca”. (Barbero, 1998:65)

Poesía, cine literatura, entre otras, son algunas de las posibilidades que las masas tienen para entrar en relación con el arte, sobre todo si se tiene en cuenta que mientras las masas buscan disipar, el arte exige recogimiento, algo así como un sentimiento de placer y deleite mientras se está en la multitud, una multitud que ya no es externa sino que cobra un valor intrínseco. “Morin demuestra, apropósito del cine especialmente, cómo la división del trabajo y la mediación tecnológica no son incompatibles con la creación artística; es más, cómo incluso cierta estandarización no entraña la total anulación de la tensión creadora”. (Barbero, 1998:73) De aquí que Morin piense en una posible apertura del pensamiento desde la estructura semántica y los modos de inscripción en lo cotidiano de la cultura de masas. Para él la verdadera mediación es la comunicación de lo real con lo imaginario, es decir, ese imaginario cotidiano en dosis mayores que permita poder vivir.

Y aunque muchos son los obstáculos para pensar todo lo que se enlaza a la industria cultural, tanto la dificultad de comprender su articulación con lo popular y la diversidad de dimensiones en que se articula
el cambio cultural juegan un papel primordial, en el siglo XVIII cuando el significado de cultura se le atribuye a un valor que se tiene, y al cual pocos pueden acceder, se pone en juego la palabra educación al relacionarla con aquella que queda relevada sólo para los hombres superiores; es aquí donde la cultura se interioriza e individualiza. Para el siglo XIX, el concepto se reconstruye hacia una cultura común, la de la clase trabajadora; una articulación entre lo cultural y lo popular. “Lo masivo trabajando desde dentro de lo popular” (Barbero, 1998:106). Más adelante Certeau va a proponer la teoría de los usos como aperadores de apropiación, el cual siempre va a instaurar una relación de sujetos con los otros. “En la otra cara de la cotidianidad, la de la creatividad dispersa, oculta, sin discurso, la de la producción inserta en el consumo, la que queda a la vista sólo cuando cambiamos no las palabras del guión, sino el sentido de la pregunta: qué hace la gente con lo que cree, con lo que compra, con lo que lee, con lo que ve”. (Barbero, 1998:111)

Y cómo no hay una sola lógica que abarque todas las artes del hacer, queda pues como interrogante frente al texto, el lugar que se
le tiene reservado a la educación como mediadora de una sociedad donde la realidad está construida desde los medios, y un sujeto parte de la cultura popular, hecho de saberes insensibles a la colonización tecnológica y con un estilo muy particular de habitar su mundo de inspiración técnica y de firmeza moral.












































































Reflexión 1 y 2: De los medios a las mediaciones “Martín Barbero”

“Aunque ignorante el pueblo
sabe distinguir la verdad”
MAQUIAVELO.


Que sencillo resulta para cualquier ser humano hablar un poco sobre el tema de la comunicación; mucho más cuando la palabra puede ser asociada con un sinnúmero de términos a la hora de definirlo, lo difícil, entonces, aparece cuando intentamos abordarlo desde sus orígenes, historia, y desde aquellas relaciones que se desprenden al entrar en contacto con las sociedades humanas. Es por esto que Martín Barbero presenta en este libro como centro del debate, las articulaciones entre los medios de comunicación y movimientos sociales, entre prácticas comunicativas y la pluralidad de matrices culturales. “(…) las dificultades, en la primera parte, para articular un discurso que, siendo reflexión filosófica e histórica, no se distancie demasiado ni suenen exterior a la problemática y la experiencia que se trata de iluminar. Y a ratos, la sensación doblemente insatisfactoria de haber quedado a medio camino entre aquellas y éstas”. (Barbero, Introducción)

Un recorrido, que aunque requiere gran reconocimiento de los procesos históricos que han generado este tema en particular, deja claro su vinculación con los procesos de globalización, así como con la emergencia de sujetos sociales e identidades culturales nuevas. Muchas pueden ser las concepciones que a través de los tiempos se hayan tenido y aún se tengan sobre el sentido del pueblo en la cultura y éste mismo en la política. Habrá quienes legitimen la invocación del pueblo desde lo culto y lo popular, desde la razón o del romanticismo, pero en últimas, queda por reconocer que es él el verdadero fundamente de la sociedad. “A la noción política del pueblo como instancia legítimamente del gobierno civil, como generador de la nueva soberanía, corresponde en el ámbito de la cultura una idea radicalmente negativa de lo popular, que sintetiza para los ilustrados todos lo que éstos quisieran ver superado, todo lo que viene a barrer la razón: superstición, ignorancia y turbulencia”. (Barbero, 1998:4)

Todo este recorrido con el fin de plantearnos ese interrogante por la cultura desde la sociedad como sujeto que asegura la intersubjetividad de las posibles experiencias y desde le procesos históricos de formación de lo popular y el sentido social de las diferencias culturales. “Y un primer rasgo clave de esa imagen es la lúcida percepción de la cultura como espacio no sólo de manipulación, sino de conflicto, y la posibilidad entonces de transformar en medios de liberación las diferentes expresiones o prácticas culturales”. (Barbero, 1998:16)

Aparece aquí el tema de la comunicación, el cual se ha convertido en un espacio estratégico desde el cual pensar los asaltos y las objeciones que dinamizan estas sociedades-encrucijadas (un medio camino entre el subdesarrollo precipitado y una modernización compulsiva). De ahí que la comunicación se torne cuestión de mediaciones más que de medios, cuestión cultura, y por tanto no sólo de conocimientos sino de re-conocimiento; entendido este como la reapropiación histórica de la modernidad latinoamericana y su destiempo, que abriendo brecha en la tramposa lógica de la globalización capitalista aparenta agotar la realidad de lo actual.

Ahora, adentrarnos en ese mundo misterioso que encierra la relación sociedad/masas, es entender que las masas se encuentran ahora dentro, fundiendo el tejido deas relaciones de poder, deteriorando la cultura y desintegrando el viejo orden, “Una enorme masa de personas semejantes e iguales, que incasablemente giran sobre si mismas con objeto de poder darse los pequeños placeres vulgares con que llenan sus almas”. (Barbero, 1998:30) Es sí como la idea de masa pasa a designar la tendencia de la sociedad a convertirse en la agregación de individuos aislados; mientras el gobierno se convierte en el órgano instintivo de dichas masas.

Éste fenómeno psicológico (las masas), por el cual los individuos están atravesados como una alma colectiva, los hace comportarse de manera diferente a como lo haría cada individuo aisladamente. “Son un energía pero sin control”. (Barbero,1998:33) Es por esto que no se puede hablar de un hombre masa único en alguna época; pues este habita todas las clases, son suyas todas las referencias socio-históricas. Todo un fenómeno con el que se ha vivido y con el que se vivirá, algo así como un estilo de vida o un espacio de socialización que ha ido acompañando al ser humano durante su recorrido histórico. “Hoy esa función mediadora la realizan los medios de comunicación de masas”. (Barbero, 1998:44)

La socialización en la actualidad pasa a ser tarea de los filmes, la televisión, la publicidad (mentores de la nueva conducta humana), desplazando de esta manera, el rol de la escuela y la familia. Aparece así la posibilidad de una comunicación entre diferentes estratos de la sociedad y una gran circulación en el tema cultural. “la sociedad de masas ha suscitado e intensificado la individualidad, esto es, la disponibilidad para las experiencias, el florecimiento de sensaciones, emociones, la apertura hacia los otros (…) Ha liberado las capacidades morales e intelectuales del individuo”. (Barbero, 1998:45)

Todo un tiempo de segregación cultural entre las clases viene a romperse con la sociedad de las masas, un encuentro que se intensificó por el flujo del cine, la radio, entre otros. Lo que nos queda para reflexionar, entonces, es acerca del planteamiento que hace Rosenberg sobre como la cultura de masa arrastra la tendencia a confundir cultura con diversión y a mezclar lo genuino y lo bastado hasta tornarlos indistinguibles. Pero al fin de cuentas, es una realidad que el surgimiento de la nueva cultura no se halla ni en el capitalismo, el romanticismo o en la democracia, es la tecnología modera la cusa necesaria y suficiente de la cultura de masa. Es por esto que existe “la necesidad de incluir en el estudio de lo popular no solo aquello que culturalmente producen las masa, sino también lo que consumen, aquello de que se alimenta; y la de pesar lo popular en la cultura no como algo limitado a lo que tienen que ver con su pasado –y un pasado rural-, sino también y principalmente lo popular ligado ala modernidad, el mestizaje y la complejidad de lo urbano”. (Barbero, 49)