UN 3 INTENTO CON LARROSA Y LAS TECNOLOGÍAS DEL YO
analizar, no los comportamientos ni las ideas,
no las sociedades ni sus ideologías,
sino las problematizaciones a cuyo través
el ser se da pudiendo y debiendo ser pensado
y las prácticas a través de las cuales se forman aquellas". LARROSA

ntonces llegamos a lo que Larrosa en todo su texto define como la experiencia de sí, entendida como todo lo que puede y debe ser pensando desde prácticas y formas de subjetividad donde se construye la interioridad. “La experiencia de sí, históricamente constituida, es aquello respecto a lo que el sujeto se da su ser propio cuando se observa, se descifra, se interpreta, se describe, se juzga, se narra, se domina, cuando hace determinadas cosas consigo mismo” (Larrosa, s.f.: 261). Develándose así la filosofía misma del ser humano, en la que se reconoce como tal desde esos espacios de mediación como lo son las prácticas pedagógicas (espacios de subjetividad); donde todo hombre desde su autoconciencia puede desarrollarse.

s desde está fundamentación, cuando sobre el cuerpo y alma, los pensamientos, las conductas, y la manera de ser de cualquier sujeto, aparecen las tecnologías del Yo para transformar su interior y permitir su constitución en sujeto ético (entendida la ética desde esa relación con uno mismo). Cuando el autor del texto trae a colación a Foucault, deja entrever como para este último, la escritura, la lectura, la reflexión, la contemplación, el diálogo y el desarrollo de la conciencia, hacen parte de las tecnologías; las cuales también crean realidad. De ahí que estas tecnologías le den paso a interrogantes acerca de lo que hoy en día hace el sujeto con el objeto que lo habita y no el objeto con el sujeto; toda una relación de la verdad que cada sujeto contribuye a construir, y que ya no le es impuesta desde fuera. “El sujeto, su historia y su constitución como objeto para sí mismo, sería, entonces, inseparable de las tecnologías del Yo. Foucault define las tecnologías del Yo como aquellas en las que un individuo establece una relación consigo mismo”. (Larrosa, s.f.: 289). Algo así como esas herramientas que le ayuda al individuo a operar sobre su historia, filosofía, fisiología y actitud, para transformarse y obtener esos estados tan anhelados; su única razón de existir: la pureza, la felicidad, la sabiduría y la inmortalidad. “La historia del Yo como sujeto, como autoconciencia, como ser-para-sí, es la historia de las tecnologías que producen la experiencia de sí” (Larrosa, s.f.: 290). De aquí que aparezcan los dispositivos pedagógicos como ese lugar en donde se constituyen y transforman las experiencias de sí.

s la escuela, con sus múltiples procesos, quien propende para que el alumno aprenda la autointegración y la interrogación personal del otro; así mismo, busca por un aprendizaje desde la propia experiencia del alumno que lo lleve a una reflexión crítica o toma de conciencia desde su imagen y la relación de la misma con el mundo. Tocándole al educador un proceso de reflexión, autoformación, autocrítica, autoanálisis… frete a su saber; pero principalmente, frente a la manera de ser en relación a su trabajo y su propia identidad moral como educador. “De lo que se trata es de definir, formar y transformar un proceso reflexivo, capaz de examinar y reexaminar, regular y modificar constantemente tanto su propia actividad práctica como, sobre todo, así mismo en el contexto de dicha práctica profesional” (Larrosa, s.f.: 261). Todo esto, es lo que implica pensar un proceso educativo desde la autoconciencia profesional y personal, que permita la transformación de la práctica laboral.

Para construir y transformar la conciencia de sí, se necesita redes de comunicación, donde se producen, se interpretan y se median historias que llevan implícita una producción de identidad. “Podríamos resumir la estructura y el funcionamiento de los dispositivos pedagógicos que construyen y median la experiencia de sí como un conjunto de operaciones de división orientadas a la construcción de un doble y como un conjunto de operaciones de relación orientadas a la captura de ese Yo duplicado. Aprender a ver-se, a decir-se, o a juzgar-se es aprender a fabricar el propio doble. Y a sujetarse a él” (Larrosa, s.f.: 323). Un doble que se ve con una mirada educada, racionalizada, estabilizada, y que es construido en toda actuación que implica el Yo que se observa, se expresa, se narra… desde si mismo, desde su propia identidad.

sí, nos queda por entender la falta que nos hace el promover nuevas maneras de subjetividad y de desprendimiento personal, y de entender el significado real de lo que cotidianamente expresamos como experiencia “(…) lo que sucede -entre- y lo que constituye y transforma a ambos. Y eso, lo que sucede –entre-, la relación y la mediación que tiene el poder de fabricar lo que relaciona y lo que media, es lo que los dispositivos pedagógicos producen y capturan” (Larrosa, s.f.: 327).







