payivalo

viernes, 23 de noviembre de 2007

UN 3 INTENTO CON LARROSA Y LAS TECNOLOGÍAS DEL YO

TODO UN IDEAL DE EDUCACIÓN





"Al analizar la experiencia de sí,
de lo que se trata es de
analizar, no los comportamientos ni las ideas,
no las sociedades ni sus ideologías,
sino las problematizaciones a cuyo través
el ser se da pudiendo y debiendo ser pensado
y las prácticas a través de las cuales se forman aquellas". LARROSA




"Pensar de otro modo” como lo cita Jorge Larrosa, puede ser un punto de partida bastante temeroso para quienes en esta etapa del camino siguen buscando por una buena preparación como docentes; pues, no es fácil romper con estructuras mentales a las que nuestro cerebro ya se ha acostumbrado, y mucho menos romper con esas prácticas pedagógicas en las que lo importante es el aprendizaje de lo que viene del exterior, y no esa reflexiva relación del alumno consigo mismo; hasta el punto de dejar de lado la importancia que generan los dispositivos pedagógicos en la mediación y relación del sujeto con su interior, y en la construcción y modificación de experiencias. “Las prácticas educativas son mediadoras donde se disponen los recursos para el desarrollo de los individuos” (Larrosa, s.f.: 261)

mplica pues, entender una metodología donde las prácticas pedagógicas estén orientadas hacia la construcción y transformación de la subjetividad; donde se establece, modifican y regulan las relaciones autopersonales; las cuales deben partir, como se dijo anteriormente, de esa inevitable relación del sujeto consigo mismo desde el autoconocimiento, autodisciplina, autocrítica, autonomía, autoconfianza…. Y muchos otros elementos que hacen de la naturaleza humanan un espacio de reflexividad, en el que se pueda hacer una interpretación de valoraciones como: quién es, y qué puede o debe hacer consigo mismo.

ntonces llegamos a lo que Larrosa en todo su texto define como la experiencia de sí, entendida como todo lo que puede y debe ser pensando desde prácticas y formas de subjetividad donde se construye la interioridad. “La experiencia de sí, históricamente constituida, es aquello respecto a lo que el sujeto se da su ser propio cuando se observa, se descifra, se interpreta, se describe, se juzga, se narra, se domina, cuando hace determinadas cosas consigo mismo” (Larrosa, s.f.: 261). Develándose así la filosofía misma del ser humano, en la que se reconoce como tal desde esos espacios de mediación como lo son las prácticas pedagógicas (espacios de subjetividad); donde todo hombre desde su autoconciencia puede desarrollarse.


s desde está fundamentación, cuando sobre el cuerpo y alma, los pensamientos, las conductas, y la manera de ser de cualquier sujeto, aparecen las tecnologías del Yo para transformar su interior y permitir su constitución en sujeto ético (entendida la ética desde esa relación con uno mismo). Cuando el autor del texto trae a colación a Foucault, deja entrever como para este último, la escritura, la lectura, la reflexión, la contemplación, el diálogo y el desarrollo de la conciencia, hacen parte de las tecnologías; las cuales también crean realidad. De ahí que estas tecnologías le den paso a interrogantes acerca de lo que hoy en día hace el sujeto con el objeto que lo habita y no el objeto con el sujeto; toda una relación de la verdad que cada sujeto contribuye a construir, y que ya no le es impuesta desde fuera. “El sujeto, su historia y su constitución como objeto para sí mismo, sería, entonces, inseparable de las tecnologías del Yo. Foucault define las tecnologías del Yo como aquellas en las que un individuo establece una relación consigo mismo”. (Larrosa, s.f.: 289). Algo así como esas herramientas que le ayuda al individuo a operar sobre su historia, filosofía, fisiología y actitud, para transformarse y obtener esos estados tan anhelados; su única razón de existir: la pureza, la felicidad, la sabiduría y la inmortalidad. “La historia del Yo como sujeto, como autoconciencia, como ser-para-sí, es la historia de las tecnologías que producen la experiencia de sí” (Larrosa, s.f.: 290). De aquí que aparezcan los dispositivos pedagógicos como ese lugar en donde se constituyen y transforman las experiencias de sí.


s la escuela, con sus múltiples procesos, quien propende para que el alumno aprenda la autointegración y la interrogación personal del otro; así mismo, busca por un aprendizaje desde la propia experiencia del alumno que lo lleve a una reflexión crítica o toma de conciencia desde su imagen y la relación de la misma con el mundo. Tocándole al educador un proceso de reflexión, autoformación, autocrítica, autoanálisis… frete a su saber; pero principalmente, frente a la manera de ser en relación a su trabajo y su propia identidad moral como educador. “De lo que se trata es de definir, formar y transformar un proceso reflexivo, capaz de examinar y reexaminar, regular y modificar constantemente tanto su propia actividad práctica como, sobre todo, así mismo en el contexto de dicha práctica profesional” (Larrosa, s.f.: 261). Todo esto, es lo que implica pensar un proceso educativo desde la autoconciencia profesional y personal, que permita la transformación de la práctica laboral.


Para construir y transformar la conciencia de sí, se necesita redes de comunicación, donde se producen, se interpretan y se median historias que llevan implícita una producción de identidad. “Podríamos resumir la estructura y el funcionamiento de los dispositivos pedagógicos que construyen y median la experiencia de sí como un conjunto de operaciones de división orientadas a la construcción de un doble y como un conjunto de operaciones de relación orientadas a la captura de ese Yo duplicado. Aprender a ver-se, a decir-se, o a juzgar-se es aprender a fabricar el propio doble. Y a sujetarse a él” (Larrosa, s.f.: 323). Un doble que se ve con una mirada educada, racionalizada, estabilizada, y que es construido en toda actuación que implica el Yo que se observa, se expresa, se narra… desde si mismo, desde su propia identidad.


sí, nos queda por entender la falta que nos hace el promover nuevas maneras de subjetividad y de desprendimiento personal, y de entender el significado real de lo que cotidianamente expresamos como experiencia “(…) lo que sucede -entre- y lo que constituye y transforma a ambos. Y eso, lo que sucede –entre-, la relación y la mediación que tiene el poder de fabricar lo que relaciona y lo que media, es lo que los dispositivos pedagógicos producen y capturan” (Larrosa, s.f.: 327).

viernes, 16 de noviembre de 2007

UN 2 INTENTO CON LARROSA Y LAS TECNOLOGÍAS DEL YO

LA ESCUELA: UN ESCENARIO DE IDENTIDAD
"Algunas prácticas pedagógicas, entonces,
incluyen técnicas encaminadas a establecer
algún tipo de relación del sujeto consigo mismo,
a hacer determinadas cosas con esa relación y,
eventualmente, a transformarla".
LARROSA

"Sí la experiencia de sí es histórica y culturalmente contingente, es también algo que debe transmitirse y aprenderse. Toda cultura debe transmitir un cierto repertorio de modos de experiencia de sí, y todo nuevo miembro de una cultura debe aprender a ser persona en alguna de las modalidades incluidas en ese repertorio” (Larrosa, s.f.:273). Es así como le corresponde a la educación velar, no sólo, por esa experiencia que las personas a diario comparten con otros sujetos, sino también por construir y transmitir la experiencia que tienen de sí mismos. Y, aunque muchas son las estrategias que apuntan a la producción y mediación pedagógica de la relación de uno consigo mismo; es necesario que se tengan presentes en todo contexto, las actividades de auto- expresión, la clarificación de valores, los estudios de caso… Todas con el fin de que los alumnos mientras reflexionan sobre su modo de ser, lo puedan comunicar; una manera oportuna de ir conociendo y descubriendo a los otros.

Cuando la escuela es un escenario donde se produce identidad, aparecen tanto la auto-integración para la expresión del Yo, como para el descubrir de los demás. Los alumnos son productores de textos que reflejan su propio ser, y que le permiten identificarse como un ser diferente a los demás, pero con valores de comprensión, respeto y tolerancia que le ayudan a vivir en comunidad. “Lo que se aprende, en suma, es un significado específico de la singularidad del Yo y de la comprensión mutua. También un significado específico para cosas como autoconocimiento y autoevaluación, sinceridad, comunicación y comprensión” (Larrosa, s.f.:276). Todo un juego social en el cual cada uno se define y elabora su propia identidad.

Aparece también la oportunidad de una didáctica de la reflexión crítica, algo así como una toma de conciencia donde la educación aparece como ese espacio que produce, interpreta, y media historias personales; el pape del alumno prevalece como autor y narrador de su propia historia y sobre la experiencia de sí. Toda una experiencia que le permite al maestro desde la identificación propia de sus alumnos, formar y transformar su manera de ser cuando se enfrenta a su trabajo, algo como una reflexión de esos espacios de producción y medio de la experiencia de sí mediante el aprender a pensar y a argumentar.

La labor del docente tiene que hacer un alto en el camino para analizar no sólo el desempeño laboral (cuánto sabe), sino acerca de su ser, de su propia identidad, sobre el valor y el sentido que tiene su práctica laboral. La práctica pedagógica pasa de un punto de vista objetivo, a una valoración de la subjetividad, donde aparecen sujetos activos que reconocen la verdad sobre sí mismos. “El sujeto, su historia y su constitución como objeto para sí mismo, sería, entonces, inseparable de las tecnologías del Yo. Foucault define las tecnologías del Yo como aquellas en las que un individuo establece una relación consigo mismo” (Larrosa, s.f.:289).
Cuando las experiencias de sí se transforman, se aprenden o se modifican, se da paso a los dispositivos pedagógicos como ese lugar donde la gente se describe, se narra, se controla, se juzga a sí misma, a través de dimensiones ópticas, discursivas, jurídicas, narrativas y prácticas en las cuales no sólo juega un papel importante el alumno como sujeto, sino también el maestro como propiciador de la autorreflexión crítica de sí y de sus prácticas pedagógicas.

martes, 6 de noviembre de 2007

REFLEXIONEMOS CON LARROSA: LAS TECNOLOGÍAS DEL YO

LAS PRÁCTICAS PEDAGÓGICAS, UN SENTIDO MÁS PROFUNDO


"Las prácticas pedagógicas, sobre todo cuando no
son estrictamente de enseñanza, esto es,
de transmisión de conocimientos
o de contenidos, en sentido restringido,
muestran importantes similitudes estructurales
con las prácticas terapéuticas.”
LARROSA



ues si el objetivo que se trazaba el autor del texto "Las Tecnologías del Yo" era llevar al lector a "(...) pensar de otro modo, explorar nuevos sentidos, ensayar nuevas metáforas” ((Larrosa, s.f.:260); es evidente que lo logra a cabalidad. Son pocas –o talvez ninguna- las veces que todo a lo que se le pueda atribuir la palabra exterior, deja de importarnos tanto como para dedicarnos a escudriñar un poco en nuestro interior. No es muy usual escuchar decir que nuestro pensamiento se apodera de nosotros sin antes haber sido atravesado por fuerzas ajenas y externas.


hora, la admiración que lleva inmerso el texto es aún más grande cuando Jorge Larrosa a través de la lectura le entrega a los maestros, un sinnúmero de elementos donde se analizan las prácticas pedagógicas como constructoras y mediadoras de la relación que cada sujeto tiene consigo mismo. “(…) esa relación en la que se establece, se regula y se modifica la experiencia que uno tiene de sí mismo, la experiencia de sí” (Larrosa, s.f.:263). De ahí, la complejidad que lleva inmerso un sujeto; pues, es en la articulación de las prácticas de la vida cotidiana donde él se construye como tal. Es aquí donde indiscutiblemente aparece el papel de la escuela como formadora de personas para que tengan una mirada familiar con y desde ellos mismos. Algo así como tratar, desde este punto de vista, de entender la problematización de la pedagogía, orientada a construir y transformar la subjetividad.


or lo anterior, Larrosa intenta pensar de otro modo las tan mencionadas relaciones pedagógicas. Es una realidad que pensar con sentido la razón de ser de aquellos quienes tienen la labor de jalonar procesos de formación, no es algo muy frecuente; sobre todo cuando el quehacer definido como saber es lo que a nivel educativo ha cobrado mayor importancia. “La única condición es que sean prácticas pedagógicas en las que lo importante no es que se aprenda algo exterior, un cuerpo de conocimientos, sin que se elabore o reelabore alguna forma de relación reflexiva del educando consigo mismo” (Larrosa, s.f.:260). Todo un gran ideal de formación humana; el cual involucra las prácticas pedagógicas con el verdadero significado de la palabra, en busca de mejorar, desarrollar, construir todo proceso de autoconocimiento, autoestima, autoconfianza, autocontrol…Y todos aquellos procesos de miradas intrínsecas.


ueda claro, entonces, como las Tecnologías del Yo dejan ver de lleno esa antropología de la educación por medio de las posiciones teóricas de Foucault, mediante la definición de las prácticas pedagógicas como esa experiencia que cada sujeto tiene consigo mismo y como constructoras y mediadoras de dichas relaciones. Todo un texto en el que Larrosa hace posible el entendimiento de la experiencia de sí; un término que aunque lleva consigo una contingencia acerca de la idea que tenemos de nosotros mismos, envuelve también esa manera de comportarnos frente a los demás y frente a nuestro propio ser. Es aquí donde entran los maestros como procuradores de la formación, a brindar al alumno la manera de adoptar una relación cognoscitiva y práctica con su propia existencia.
"
partir de ahí, las prácticas pedagógicas y/o terapéuticas pueden tomarse como lugares de mediación en los que la persona simplemente encuentra los recursos para el pleno desarrollo de su autoconciencia y autodeterminación, o para la restauración de una relación no distorsionada consigo misma” (Larrosa, s.f.:271). Aparecen, pues, las prácticas pedagógicas como esos lugares donde se constituye la subjetividad, y esos espacios en los cuales cada persona desarrolla y recupera todo lo que caracteriza y hace parte de la relación consigo mismo. “En definitiva, prestar atención a las prácticas pedagógicas en las que se establecen, se regulan y se modifican las relaciones del sujeto consigo mismo en las que se constituye la experiencia de sí” (Larrosa, s.f.:271).
































































































































































































jueves, 1 de noviembre de 2007

Reflexión Tercera Parte: Barbero





Pensar los procesos de comunicación desde ahí, desde la cultura, significa dejar de pensarlos
desde las disciplinas y desde los medios.
BARBERO
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Pensar los procesos de constitución de lo masivo hace necesaria la articulación de las prácticas de comunicación y los movimientos sociales y culturales. “El campo de lo que denominamos mediaciones se halla constituido por los dispositivos a través de los cuales la hegemonía transforma desde dentro el sentido del trabajo y la vida de la comunidad” (Barbero; 1998:262). Es por esto que se hace necesaria una pequeña aproximación al reconocimiento de ese mestizaje que en América Latina, aparece como la diversidad de solidaridades que sincrónicamente operan en la sociedad actual, y que constantemente está en lucha por rescatar las raíces y las pérdidas de identidad; una identidad desgastada gracias a las masa urbanas, su contaminación cultural y política. Esa relación que a través de los años ha mantenido la palabra mestizaje con lo primitivo, lo indígena, lo auténtico, es lo que a la misma vez lo aleja de toda posibilidad de contacto con la modernidad, negándole así, la capacidad de desarrollarse como cultura.

Aparecen entonces, algunos fenómenos que darán paso de lo étnico a lo típico: el turismo, las artesanías, las danzas, la música, el graffiti… los cuales irán borrando la memoria de la historia, y sus modos de producir se convertirán en los vehículos mediadores de la separación entre los objetos y las prácticas. El sentido de mediación se dará con la afirmación de lo comunitario en eventos como los ritos y las ceremonias, las cuales seguirán siendo espacios de configuración de lo étnico en ámbito de movimientos sociales; pues, todo aquello que atrajera fuertemente las masas populares, sería sospechoso de la posibilidad de una creación cultural.

Un ejemplo de lo anterior es el cine, como ese medio de expresión y difusión donde el populismo se hace nacionalismo, “y al cine irán las masas populares no tanto a divertirse cuanto a experimentar con su vida cotidiana, a ver reiterados sus códigos de costumbres” (Barbero; 1998:268). Pero no sólo el cine permite esa relación entre lo que viene de las culturas campesinas y lo urbano, también la radio, el fútbol, la publicidad, la televisión… acercan la cultura popular urbana a la industria cultural. Más adelante en la historia de la población de los barrios, será la mujer quien juegue un papel protagónico en la mediación entre las tramas sociales y las afectivas, entre el problema y la solución; otro ejemplo de mediación. Toda una cantidad de tiempos y espacios que lleva inmersa la comunicación.

Con la comunicación aparece la ideología moral como fuente de división entre el uso que le diera el proletariado y las oligarquías reduccionista. “(…) con sólo analizar los objetivos económicos e ideológicos de los medios masivos podía saberse que necesidades generaban y cómo sometían a los consumidores” (Barbero; 1998:282). Una pasividad consumista y una respuesta autómata al mensaje emitido, daban fe de la carencia de seducción y resistencia entre emisores dominantes y receptores dominados. Todo proceso de comunicación, ocuparía, entonces, un espacio de producción por encima de una simple circulación; es así como se abre paso al redescubrimiento de lo popular desde la revalorización de las mediaciones y articulaciones de la sociedad civil, un sentido social a los conflictos que reconozca las experiencias colectivas ajenas a las formas partidarias.

Redefinir la cultura implica comprender la naturaleza de la comunicación, algo así como un proceso de significación en el cual el receptor es también productor, y en el cual la democracia del pueblo exige un paso de lo cultural a las masas; un reconocimiento de todas las situaciones (sociales, ideológicas, políticas, históricas y culturales) desde las mediaciones y los sujetos. De aquí la urgente necesidad de cambiar el concepto del consumismo que nos permita una comprensión de los diferentes usos sociales de comunicación, y no de esa simple reproducción de fuerzas. Es claro que el consumismo esté ligado a ese mundo de lo alcanzable e inalcanzable, pero también es cierto que dentro de él se da un juego de producción de sentimientos, de lucha por la posesión de objetos y de los usos que le dan forma social; es una relación constante de reproducción y producción.

Y como muchos otros lugares que permiten la mediación, también la cotidianidad familiar, la temporalidad social y la competencia cultural hacen parte de ella, todos ellos ámbitos de recepción que permiten pensar los distintos tipos de competencia comunicativa en cuanto aceleración o freno de la participación social y de la política democrática de los medios, particularmente de su uso. Semejante al melodrama cuando vislumbraba esa manera de expresar el modo de vivir y sentir de la gente (un drama del reconocimiento); una herramienta que permitía adentrarse en el terreno de lo racial, de los orígenes, y aquella en la que se hacía visible la matriz cultural que alimentaba el reconocimiento popular en la cultura de masa; la presencia de lo popular en lo masivo.

Con la aparición de las masas urbanas, lo popular toma un cambio en su forma de sociedad dentro de la sociedad; pues, todo está dado en masa: el sistema educativo, la participación política, las prácticas religiosas, los modelos de consumo…lo cual lleva a pensar lo popular desde lo masivo como esa nueva condición de existencia y de lucha, como ese nuevo papel de la hegemonía. “Por eso frente ala crítica de la masificación uno tienen derecho a preguntarse con A. Signorelli si o que se rechaza es lo que hay en ella de opresión y de dominio, o lo que ella entraña de nuevas formas de relación social y de conflictividad” (Barbero; 1998:319). Todo pueblo en masa tienen un camino recorrido y uno por recorrer, su única manera de reconocerse será poniendo en comunicación las formas populares que aún siguen siendo un anhelo. Es la comunicación el reto que le queda a todas las instituciones sociales, incluyendo primordialmente la escuela, para así darle paso de los medios a las mediaciones.